Pedro y el Capitán. Dirección Domingo Ferrandis

Por Domingo Ferrandis, versión libre y dirreción.

Benedetti, uno de los escritores más prolíferos en las letras hispanas, se benefició de su riqueza literaria y de la profundidad de sus reflexiones en Pedro y el Capitán para detallar con precisión un retrato social crítico, de índole ético, ácido y polémico con tintes de humor negro. Un relato eco de la angustia y la esperanza basado en el interrogatorio entre las fuerzas del orden y los detenidos que luchan contra la dictadura en Uruguay. Con tanta astucia lo hizo Benedetti, que a cada página leída descubres algo impactante, tanto, que te sacude la conciencia sobre eso que llamamos humanidad.

Escrita en 1979 Pedro y el Capitán fue concebida inicialmente como novela, pero finalmente significó el afortunado reencuentro del escritor uruguayo con el teatro. Como dice el propio Benedetti en el prólogo:

El tema de Pedro y el Capitán lo pensé inicialmente como una novela, e incluso le había puesto título: El cepo”. ”Va a ser una larga conversación entre un torturador y un torturado, en la que la tortura no estará presente como tal, aunque sí como la gran sombra que pesa sobre el diálogo”. “La obra no es el enfrentamiento de un monstruo y un santo, sino de dos hombres, dos seres de carne y hueso, ambos con zonas de vulnerabilidad y de resistencia.”

Nuestra propuesta teatral, no se centra en un contexto histórico concreto para no condicionar la opinión natural del público. En toda la obra hemos desprovisto a los dos personajes Pedro y Capitán de lugar, ideología, religión y época para mostrarlos sin etiquetas. El único signo referencial es Capitán, ese detalle puede darle ventaja sobre Pedro en la aceptación de las torturas al ser una violencia estructural basada en la obediencia debida. O tal vez todo lo contrario, se prejuicie su rango social. Queremos que sea una decisión personal de cada espectador.

Hemos encontrado en la novela teatral Pedro y el Capitán la trama perfecta para mostrar la condición humana. Un perro es un perro, una vaca es una vaca, pero una persona es la bestia más inclasificable, un hidra con muchas cabezas pensantes (miedos, deseos, codicias, prejuicios, egoísmos, odios…) capaz de autoaniquilarse, aniquilar las otras especies y destruir el planeta en el que vive. Una bestia con una mente oscilante con una inclinación a lo irracional, capaz de crear y de destruir, de acariciar y de matar. Tal vez esa sea la razón por la cual el amor, el sufrimiento y la muerte nos haga iguales: de células y emociones.

A través de la relación entre una persona torturada y su torturadora, queremos poner en escena lo que somos frente a frente: quiebres psicológicos, estados emocionales y mentales revelados en dos seres cuyos intereses son contradictorios, uno la resistencia y el otro la obtención de información. No es una obra de teatro sobre “buenos o malos” sino sobre nuestra complejidad.

Pedro y el Capitán lleva al público por un viaje por lo picos y cañones sentimentales, donde se topará con diferentes escenario plagados de interrogantes sobre nosotros mismos ¿En qué momento el trabajo se transforma en crueldad? ¿Dónde está la línea entra obediencia y sadismo? ¿En qué momento desaparece la empatía? ¿Cuándo sufrir torturas es más ético que hablar? ¿Hasta dónde puede aguantar una persona denigrada, vejada, despojada de cualquier dignidad? ¿Dónde la resistencia se vuelve el único sentido de vida? Son tantas las incógnitas y dudas que encontrará el espectador en su caminar como compleja es nuestra mente. Eso convierte a la obra de Benedetti en un espejo el cual refleja nuestras virtudes y miserias.

Pedro y el Capitán llegarán a conciliar sus ideas, a compartir sus pensares, sus afectos y sentires hasta convertirlos en semejantes, dejando al descubierto nuestras fronteras invisibles ¿La degradación humana existe? cómo un ser “normal” se convierte en un monstruo ¿Y a la inversa, es posible?

El experimento de la Cárcel de Stanford de la universidad del mismo nombre, tuvo que ser suspendido porque los alumnos con el rol de carceleros comenzaron a torturar con saña a los alumnos con rol de reos. En la realidad la violencia engendrada, abusos y torturas son muy frecuentes, como los cometidos por el ejército de Estados Unidos en la prisión iraquí de Abu Ghraib. El famoso caso de la soldada Lynndie England donde su foto apuntando los genitales de un prisionero iraquí desnudo, con un cigarrillo en la mano y una amplia sonrisa dio la vuelta al mundo y se hizo viral en Internet.

El experimento de Milgram consistía en dar descargar eléctricas a un “alumno” cada vez que fallaba una pregunta. Estás descargas iban en aumento hasta que el dolor era insoportable, casi hasta la muerte. La persona que las sufría era un actor, pero quien apretaba el botón “examinador” de las descargas no lo sabía. Solo tenía que cumplir órdenes del “investigador”. Cada vez que erraba la pregunta el “alumno’, el “examinador”, recibía la orden de apretar el botón. Todos los examinadores eran voluntarios y eran libres de irse cuando quisieran. De 100 solo se fueron 2; todos los demás se excusaron que cumplían órdenes.

Los expertos en el cerebro humano dicen que no son las guerras lo que sacan lo peor de nosotros, si no que hay menos juicios de valores. La mente primitiva se activa y sin una ética es más fácil robar, violar y matar sin tener mala conciencia por ello: sobre todo si te han persuadido para obedecer y odiar al de enfrente. Si hemos creado la educación, leyes, armas y fronteras es porque a quien más tememos es a nosotros mismos.

Y a pesar de todo, líderes políticos, grandes potencias y fuertes empresas presumen de su antipatía. Como sociedad inteligente algo marcha mal, la mente colectiva en vez de cultivar otros sentimientos como la bondad, también inherente en nuestra psique, seguimos sembrando el miedo y el odio ya sea de carácter deportivo, étnico, político o espiritual. Rivalidad y división que alimentan la aversión, la enemistad y la repulsión entre iguales: la especie humana. Pedro y el Capitán habla de todo ello.

@domingoferrandis

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