Teatro y neurociencia

 

La neurociencia estudia y analiza el sistema nervioso central de los seres humanos y de los animales. Si bien a los neurocientíficos no solo les interesa el estudio de las bases biológicas, lo que más les fascina es la sinfonía del cerebro, el cómo: descargas eléctricas, química e interacción neuronal se convierten en actividad psíquica, la cual facilitó el desarrollo de la mente humana moderna; habilidades y hábitos tales como el aprendizaje, el lenguaje y la creatividad. Y otros conceptos como el amor, la felicidad, el miedo, la codicia y la muerte que surgieron por la capacidad de la autoimagen, la imagen de la conciencia de otros y la relación con el mundo.

Un secreto del cerebro, el cómo sus redes neuronales convierten las corrientes eléctricas en pensamientos, sentimientos y deseos tiene influencia en el exterior: sensaciones y percepciones entalladoras de la cultura y el nacimiento de pueblos. Así lo confirma la epigenética, la relación de los genes y el ambiente. Por eso la neurociencia y la psicología investigan juntas el maridaje del comportamiento humano: lo cognitivo y lo social; las facultades, pulsiones, pasiones y conductas humanas. Ese teselado llamado humanidad. El mismo que el teatro muestra en escena.

El cerebro guarda muchos misterios y uno de ellos son las neuronas espejo: neuronas motoras que se activan no solo cuando realizamos una acción, sino al ver a otro hacerlas. Eso explicaría porqué nos emocionamos y nos hacemos dueños de las historias de los personajes al ver una película o una obra de teatro. Estas neuronas empáticas, imitan y se contagian del punto de vista del otro, factores que han contribuido al entendimiento de lo que hacen los demás y sus estados mentales, relacionado con la intencionalidad compartida y la inteligencia cultural. La primera consiste en cooperar con extraños (poner en común nuestras mentes para realizar tareas y colegir lo que hacer). La segunda es la teoría de la mente “ToM” (tomar conciencia de los pensamientos de otras personas para planear un objetivo común).

Parece ser que por muy diferentes que seamos los humanos entre sí, algo nos vincula, las historias. Y el cine como el teatro simplemente cuentan historias con personajes que las vivencian. La palabra personaje proviene de persona, πρo´σωπον en griego, que significaba máscara de actor. Sin saberlo, el teatro surgió porque las historias de vida representadas abrían diálogos cerebro-cerebro gracias a las neuronas espejo, captando la atención del público al hacerle participe emocionalmente.

Un personaje tiene un Biotipo como nosotros: lo biológico (su edad, su salud, su fisicidad), lo psicológico (su manera de pensar, actuar, sus filias, turbaciones, indolencias…) y lo social (su estatus, relaciones laborales, pareja y amigos, etcétera). Un personaje siente (anhelos, afectación y afección); medita (ideas, ambiciones y preocupaciones); se desplaza por escenarios diferentes (trabajo, casa, aficiones), tiene un cuerpo y una voz particular (como se expresa, comunica y habla). Un personaje tiene una memoria de trabajo (realiza tareas que requieren planificación y control), memoria visoespacial (se mueve e interactúa con el entorno) una memoria episódica (un pasado) y una memoria semántica (un vocabulario). Un personaje contiene ilusiones, dudas, problemas, se enfrenta a situaciones físicas, intelectuales, culturales y sociales. Sufre enfermedades, conflictos y duelos. Y posee un mundo interior, aflicción sentimental y pensamientos tormentosos, fantasea y oscila su mente entre el pasado y el futuro.

Esos personajes que nos conmueven y nos sacuden el alma, expresan emociones (tristeza, ira, miedo, alegría, asco…), muestran la identidad y conducta humana (ternura, avaricia, crueldad, comicidad…), encarnan sentimientos (odio, amor, resentimiento, envidia…) y que además, adoptan relaciones sociales de poder o sumisión no son más que ecos de nuestras civilizaciones y culturas, y por ende de nuestro cerebro.

Y esto es posible porque el cerebro es capaz de fantasear, sin la fantasía no existiría el arte, no podríamos sumergimos en una novela, no cautivaría nuestra atención imágenes que son irrealizables, ni llorar con Dumbo. En pocas palabras, podemos identificarnos con un personaje porque creemos en la fantasía. La imaginación es el reverso de la realidad y la fantasía su vena artística, por eso la ficción es tan potente para tratar los asuntos de la realidad.

Eso confirma a la expresión corporal y al teatro como escaparates de la mente humana, plataformas donde exponer sus manifestaciones: explorar, entender y/o comprender y exponer. De ahí que las artes expresivas y dramáticas hayan salido de los espacios escénicos para volver a los entornos sociales. Hoy podemos apreciar cuantiosos proyectos terapéuticos, socioculturales, empresariales y educativos bajo el término de Teatro Aplicado. Como dice Peter Brook los neurocientíficos están empezando a entender lo que el teatro ha sabido desde siempre; el teatro es la plasmación de nuestra sociedad. Y podríamos ir más lejos: un cerebro en movimiento que sacude consciencias, contagia emociones y hace visible lo callado.

Ilustración, María Balibrea Melero.

Fuentes:

Libro Teatro Aplicado:teatro del oprimido, teatro playback, dramaterapia. Tomás Motos y Domingo Ferrandis. Ciudad real: Ñaque.

Libro Dramaterapia: teoría y práctica. Grace Schuchner y Domingo Ferrandis. Se publicará en abril de 2017.

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